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lunes, 25 de abril de 2011

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Quiero decirte que…
(Lunes, 25 de abril, 2011)

Aun despierto en la madrugada empapado de sudor, atemorizado, buscando tu mirada, buscando tu presencia. Eras tú para mí los barrotes de mi ventana, mi escudo protector, mi guardaespaldas pero en la oscura noche cuando tu cuerpo no encuentro en mi cama la ansiedad invade mi alma y se hace la única compañía de mi soledad, la dueña de mi mente y directora de mis actos. No me sirve de nada pero con pavor me apresuro a encender el interruptor de la luz para iluminar la oscuridad de mis noches y busco en cada rincón de mi habitación el monstruo que se esconde y vigila, frente a mí, mis sueños. Es peor que antaño cuando sólo embargaba mi cuerpo la incertidumbre de mi futuro mas ahora es más difícil cada vez hacia adelante mirar si no estás tú…
Me preocupo. Para tranquilizarme me paseo por mi angosta habitación, de esquina a esquina, en la cocina me preparo una infusión, aspiro el aire cancerígeno de un sutil asesino, ese cigarrillo que palidece mis uñas y ensombrece mis pulmones…, cojo una libreta y escribo sobre mis miedos, pienso en soluciones rápidas pero no indoloras, ¿más dolor? Pero mi mente se perturba por encontrarme en un callejón sin salida, por encontrarme en este constante rompecabezas, por ser insuficientemente valiente para morir y suficientemente  cobarde para no morir. Por querer dejar todo y no dejar nada…


lunes, 31 de mayo de 2010

Bien... Nueva historia.

"Eso no me sirve"... pero lo necesito.
(Sábado, 29 de mayo, 2010.)
-Corría, en dirección opuesta a la de mi amor, corría. Las últimas palabras que se escaparon de mis labios fueron "eso no me sirve" después de decirlas escapé con lágrimas en los ojos y dejándole solo sin casi darse cuenta de lo que pasaba.
Unos minutos antes habíamos compartido la misma cama entre besos, abrazos y confidentes sonrisas. Un millón de seres inanimados llenos de algodón a los que él le había puesto nombre fueron testigos de nuestro encuentro. Empezó tan inocente como en anteriores veces, siguió apasionadamente y termino en catástrofe... De su dulce boca escaparon amargas palabras que hicieron romperse en mil pedazos a mi mustio corazón, fue entonces cuando corrí, acabé cerca de mi costera casa a lo lejos ví como el mar golpeaba la dura roca tal y como sus palabras habían golpeado mi cabeza y aún su eco sonaba dentro. Lo más fácil hubiése sido tirarme allí, a lo lejos, a esa zona tan peligrosa para acabar con aquel tremendo sufrimiento que no sé cómo puede soportar mi enjuto cuerpo. Lágrimas caían de mis mejillas, ahora caminaba lento, muy lento, no quería llegar a casa, estaba descompuesto y no quería que nadie notara las tribulaciones de mi alma pero aún así entré en casa y presto llegué a mi cuarto donde tumbado nuevamente empecé a llorar.
Aquí, en mi destartalada cama, después de todo, con los ojos empañados aún, yazco en mi cama, oliendo a su cuerpo, con el corazón roto y el alma herida...

miércoles, 24 de febrero de 2010

Nessuno può sostituire la Callas.

No me acordaba de esta historia, su voz me hizo llorar una vez y aún amargo mi corazón está. La historia, hay que decirlo, es malísima, pero tengo que actualizar el blog. Magnífica persona, maravillosa voz pero nos dejó demasiado pronto para disfrutarla, no la supimos tratar. A mi Casta Diva, Maria Callas, "La soprano".

Crudel! Ho dato tutto a te.
(Lunes, 7 de diciembre, 2009)

Su pecho no respiraba, su voz faltaba, sus fuerzas fallaban, sus pupilas ensangrentadas sólo veían a un desgraciado público. Seguía de pie, casi inmóvil, interpretando la decadencia de su fugaz fama. La época de prensa persecutoria, de
flasheaminetos en la cara, la etérea divinización, el cariño de sus seguidores firmado en contrato no vinculante con tinta demasiado efímera quedó tirado en el patio de butacas omnipresente escuchando la historia que acababa con una muerte. Ella en el escenario siendo juzgada, su cuerpo impertérrito y su mente en otra parte, olvidada en el desván acumulando polvo no pensaba en otra cosa que en dejar aquellos individuos sentados boquiabiertos y retirarse para sufrir en soledad. Abucheos donde antes había aclamaciones es todo lo que oía... ¡Crueles! Mi diva, ¿cómo osáis a privarme de su dulce voz tan pronto? ¡Os ha dado todo! Luego vendrían las condecoraciones y consideraciones, cuando su cuerpo no se movía entre nosotros, luego vendría la enmienda de los mismos que ayer ultrajaban su memoria... Caprichosos quieren su alma para encontrar la redención a través de su espíritu, pero dejó este mundo y no quiso volver. Dio todo, hasta su vida y se fue convertida en polvo.



(Maria Callas canta; Suicidio! de la ópera La Gioconda compuesta por Ponchielli.)
(Maria Callas canta;
O mio babbino caro de la ópera Gianni Schicchi compuesta por Puccini.)

Elliot GueJi.

lunes, 1 de febrero de 2010

Lloviendo sobre mojado...

Lluvia en mi.
(Lunes, 1 de febrero, 2010.)

Afuera llueve, las gotas caen, nubes negras encapotan el cielo, relámpagos lo iluminan y el sonido ensordecedor de los truenos retumba en las vidrieras haciéndolas estremecer ante el temor de quebrarse. Perturbada mi mente trabaja a su máxima potencia lo que es peor pues más ensordecedor que los truenos es el sonido de mi motor biológico de energía, combustiendo todo lo que queda de mi depauperado cuerpo haciendo fallar mis pocas fuerzas.
Afuera llueve, la gotas caen y, a pesar de estar resguardado bajo el agobiante techo de mi rancio castillo, me siento húmedo, mojado, siento que cada gota de las nubes que en el exterior desatan su furia entra en mi cuerpo ahogándolo sin maldito remordimiento. Muero, podrido por la humedad mientras afuera..,
afuera no llueve.

Elliot GueJi.

sábado, 10 de octubre de 2009

¡A la orden capitán!

Sin título, sin fecha.


La vida le pasaba placentera tras las copas de una botella de vino. Recordaba sus vivencias cuando antaño fue marinero pero todo ya había cambiado, ya no era como antes.
Rememoraba el amor muerto, el amor pasado. Se llenaba de ira pues por egoísta creía que todo aquello solo le pasaba a él. Pensaba que nadie sufría lo que su corazón había aguantado. Quería mirar al futuro con ojos optimistas, palpar el deseo, el ansia, la ternura de una compañía a su lado.
En los mares había sido un luchador que cuando en noches de tempestad arreciaban vientos como traídos por el mismo diablo, con los labios agrietados por la sal, sorteaba la tormenta victorioso. Pero luchar por su vida de la misma manera le producía hastío.
Divagaba sobre lo curioso de su relación con el mar tan azul y amplio, que mientras más tiempo estaba alejado de él más lo añoraba en vez de olvidarlo, era como una cadena que no permitía rotura ni con las más fuertes de las tensiones y así es como él sentía el amor ahora.
Luego borracho y sucio, cansado y humillado, volvía a casa en soledad.

Elliot GueJi.

(Imagen: Cristo en la tormenta sobre el mar de Galilea , Rembrandt)(Vídeo AbelMcFarland en Youtube: Son qual nave Ch'agitata , de Carlo Broschi por Cecilia Bartoli)